Partidazo pero no alcanzó. «Pepe» González compartió un mensaje tras la eliminación
Partidazo de la selección de vóley frente a Brasil, en el mismísimo Maracanazinho, la fortaleza anímica de Facu Conte, volviendo luego de la lesión en el primer set, que lo dejó casi en una pierna.
La claridad de De Cecco para tener lucidez en medio de una guerra deportiva, como pide el gran Julio Velasco, que al final del partido en una charla con TYC Sport aseguró que seguirá al mando de la selección.
Las caras de sacados o de metidos con todos los sentidos, del Pepe González, Poglajen, de Bruno Lima, de Solé, con cada punto a favor, que te hacen sentir ahí junto a ellos. Así y todo no alcanzó, Brasil es una potencia Mundial y se perdió en un partido muy parejo que se definió por errores 3-1 (25-22, 17-25, 25-19 y 25-23).
La suerte quiso que luego de una fase inicial inmejorable para los chicos argentinos, los brasileros que entraron por la ventana al ganarle en el último partido a Francia, clasificaran 4º y se metieran en el camino de Argentina que venía haciendo los mejores juegos de la historia.
El partido se fue por algunos errores propios y otros forzados. La recepción no estuvo como en otros partidos, pero los brasileros son unos animales sacando, se falló en algunos saques flotados y Brasil muy poco, en esos pequeños detalles estuvo la diferencia, se estuvo cerca muy cerca de dar el batacazo, lo que implica que este proyecto crece y debe continuar.
Pepe González se explayó en las redes sociales, compartiendo un mensaje de Facu Conte:
«Decir feliz es difícil en este momento, pero sí puedo decir que estoy orgulloso de haber sido parte de este equipo, de los Juegos Olímpicos que jugamos, y de cómo nos vamos todos a casa tristes pero sabiendo que hicimos todo para hacer nuestro sueño realidad!
Me voy a casa con mucha tristeza, pero con la cabeza muy en alto
Gracias, al staff técnico, al staff médico, a toda la gente que nos siguió y alentó en cada momento desde acá o desde sus casas…pero sobre todo gracias a mis compañeros, por no haber bajado nunca los brazos, y así obligarnos los unos a los otros a seguir creyendo que se podía «hasta que pique la última pelota»
Por Fabián Segura/Toquedeportivo.com

