Francisco Lloveras conquistó River y ahora va por la Celeste y Blanca
Arrancó a jugar a los 13 años, de la mano de su primer entrenador Gustavo Quesada, defendiendo los colores de su primer amor en San Rafael, el Club Maristas.
Francisco trabajó muy duro por sus sueños, primero en su equipo Maristas, sus actuaciones lo llevaron a las selecciones sanrafaelinas, su nivel y sacrificio tuvo premio y River, nada más y nada menos, lo fichó en 2019, ahora el sueño grande de cualquier deportista, integrar la pre-selección de su país, citado por el entrenador «Pucho» Jung.

«Sin lugar a dudas Gustavo fue quien me marcó en mis inicios, en lo básico del balonmano y desde que llegué a River, el profe Pablo «Roña» Sznitowski, siempre digo que desde que llegué me hizo de nuevo», comenzó contando Francisco.
Con respecto al cambio agregó «fue muy emocionante en todo sentido, yo nunca había salido de San Rafael. El solo hecho de pisar la cancha de River ya es una emoción inmensa, un nivel tan alto al que uno no está acostumbrado, fue un cambio tremendo».
A pesar de la cuarentena se sigue entrenando: «Ya sea en la selección como en el club seguimos entrenando, con la selección recién tuve mi primer entrenamiento el jueves pasado, gracias a dios me fue muy buen y con el club entrenamos por la plataforma Zoom y ahí nos corrigen».
«Lunes miércoles y viernes con River, martes y jueves con la selección. No se paró en ningún momento y aparte de entrenar estoy trabajando para poder mantener el alquiler y gastos», sostuvo el joven deportista.
El llamado a la selección
«Ante el llamado de la selección sentí un montón de emociones, juntas, nervios, uno quiere darlo todo para llegar, por otro lado sabe que hay cosas que uno no puede manejar. Mis expectativas son darlo todo sin aflojar, para que después quede en manos del entrenador nacional».
Desde chico tiene claro que el sacrificio y el trabajo son parte del camino «Entre mis objetivos personales ya se cumplieron dos, poder jugar en River y estar citado a la selección Argentina, gracias a Dios, a mi familia, y a mi esfuerzo personal ya que siempre me entrené mucho, primero en Maristas lunes miércoles y viernes, aparte entrenaba solo en el Poli 1, iba en la mañana y terminaba de noche tirando al arco, buscando perfeccionarme cada vez más, (Risas) mi meta era ponerla en el ángulo o no volvía a casa».
Y los sueños no terminan «Siempre traté de superarme y ese esfuerzo ha valido la pena. Otro sueño que me queda sería poder dedicarme a lo que me gusta que es el handball profesional, hoy en la argentina es un deporte amateur y me gustaría ir a jugar al balonmano europeo».
«Sé que además de esto tengo que estudiar una carrera, cualquier deportista sabe que una lesión te deja afuera, pero me gustaría retirarme jugando a lo que me gusta y no por una lesión» enfatizó el talentoso jugador.
Para el final, todo emoción, al recordar a su familia, «está compuesta por mi mama, y tres hermanos más grandes, soy el más chico, mi viejo falleció cuando estuve en mi primer año en River, tenía cáncer y me quedé sin papá, pero hoy cada día y cada esfuerzo que hago, siempre se lo dedico a él y a mi abuelo que están en el cielo».
«Dejame agradecer a todos mis entrenadores y a la gente que siempre me apoyó como Matías Pereyra y toda su familia que me bancó un año sin pedirme nada, más que agradecido a ellos. A todos los entrenadores que me hicieron de nuevo cuando llegué a River y si me olvido de alguien pido perdón, simplemente gracias a todos los que estuvieron a mi lado en algún momento», cerró un adolescente, que demuestra la madurez necesaria para triunfar, no solo en lo que es su pasión, el handball, sino también en la vida.

